viernes, 8 de junio de 2018

Tú también puedes


Escribir este artículo me hace feliz, es para mi una inspiración y espero que para ti también lo sea. Se trata del testimonio de una querida cliente que logró lo que más anhelaba en su vida, una pareja y construir con él una familia. Luego de temores, desamores y desafíos, se dió cuenta que ella debía cambiar para tener lo que quería. Si tienes un anhelo, cualquiera que sea, ojalá te des cuenta de que tú también puedes.

Carmen, una chica con una historia que puede ser la tuya.
Te cuento esta historia real: Carmen empezó a participar en mis talleres hace año y medio, no intervenía mucho pues era reservada, lucía triste. En algunos talleres, pregunto: ¿qué quieres lograr con este trabajo? Carmen respondió que su mayor anhelo era tener una familia, quería casarse y tener hijos. En la medida que participaba en varios talleres y hacía las tareas, Carmen hacía también los cambios internos. Hace unos meses la foto de su estado era con su vestido de novia, bellísima y muy sonriente. Ya sabía que se iba a casar pero cuando la vi, recordé cuanto deseaba eso en su vida y le escribí mis deseos por su felicidad. Su respuesta me conmovió. Dijo que ahora podía ver que gracias al trabajo que había hecho de Renacimiento y a los talleres en los que había participado logró transformarse de tal manera que pudo lograr en su vida su gran sueño.
Posteriormente le pedí a Carmen, nos diera un testimonio de lo que había significado para ella estos talleres. Cuando lo mandó quedé impresionada. Habían detalles de su vida que yo no conocía y que hablan de cuan profundo era su dolor y cuan miserable se había sentido en algunos momentos. Entonces fue más inspirador aún y quise compartir contigo cómo es posible moverse desde “el infierno” hasta “el cielo”.

El testimonio de Carmen:
"…Gracias a DIOS y a tanta gente que puso en mi camino para lo que llamo el gran cambio en mi vida…Ciertamente cada ser humano nace con un carácter, pero siempre hay factores que te afectan en tu desarrollo…en mi caso de niña era extrovertida, alegre, picara y tremenda, y con el tiempo fui perdiendo mi esencia y empezaron mis complejos. Estos me hicieron una persona insegura y hasta triste, cosa que refleje en mis relaciones amorosas al punto de ser dependiente de mi pareja. Luego de 4 años sufriendo horrores y humillaciones… un ángel puesto de la mano de Dios me hablo del RENACIMIENTO.
Cuando llegue a mi terapeuta estaba desesperada y había deseado hasta la muerte, iniciamos nuestras terapias y empezaron a salir esas cosas del pasado que cambiaron a esa niña extrovertida y alegre. Sólo después de mucho tiempo fue que reconocí que yo era la que tenía serios problemas… no había resuelto mis miserias como las llamaba.
Luego fui a un Taller de Autoestima con Carla...para empezar mi cambio. Yo era para ese momento un persona totalmente gris y vulnerable, sumida en mi dolor. Habían tantos sentimientos encontrados y preguntas sin respuesta, ¿por qué a mi? si yo soy una buena persona. ¡No entiendo lo que me pasa! y en ese taller empezaron a disiparse mis dudas. Cuando terminamos ese primer taller ya mis expectativas habían cambiado. Sentía que tenía un gran trabajo que hacer y muchas cosas que sanar. Hice cartas de perdón y todo lo que había aprendido. Luego vino un taller de pareja y después de un arduo trabajo, sin darme cuenta mi entorno había cambiado porque yo había cambiado.… Me casé con un buen hombre y llevo una vida dentro de mí, es lo más grande que me ha pasado… para este momento mi vida es plena y llena de mucho de amor.
Quiero concluir, diciendo lo que siempre digo en los talleres cuando Carla pregunta: ¿y que se llevan hoy? TRABAJO…nadie dijo que era fácil pero, YO CARMEN SI PUEDO".

Recomendaciones para darte cuenta que tú también puedes:
1.- El primer paso es hacerte responsable. A veces es difícil verlo, pero tú tienes una importante contribución sobre los resultados de tu vida. Si sólo te sientes víctima de personas y circunstancias, no tienes nada que hacer más que sufrir.
2.- Revisa si has repetido una misma situación una y otra vez. Eso significa que cambian las personas pero la experiencia es similar. Date cuenta de qué es lo que haces que produce ese resultado que quieres cambiar.
3.- Comprométete contigo. Como dicen por allí nada cambia si tu no cambias. Un cambio interno requiere de esfuerzo, trabajo y compromiso. Cambiar pensamientos, sentimientos y actitudes va a requerir de ti determinación, tiempo y esfuerzo. Te aseguro que una vida plena bien lo vale.
4.- A veces estas en lo que se llama el punto ciego, te es difícil ver cómo tus pensamientos, emociones y acciones crean ese resultado que te hace infeliz. En estos casos, busca ayuda, ve a un terapeuta o haz un taller, tienes opciones.
Mil gracias Carmen por ser hoy una inspiración para otras personas, que tal vez están viviendo momentos de miseria, como tú dices. Y a ti que me lees, usa de referencia esta historia. En tus manos está la posibilidad de tener la vida que sueñas, es tu responsabilidad lograrlo, así que ¡A TRABAJAR por ello!!! Tú también puedes.


Nota: Para estos y otros temas de la misma autora, también puedes visitar www.carlaacebeydesanchez.com

miércoles, 6 de junio de 2018

Bestias Bélicas

Una tarde lluviosa fue el momento ideal. La oscuridad sólo se desvanecía con fugaces relámpagos que rayaban el cielo y truenos redoblantes que orquestaban sin cesar. El joven pasó por el diminuto acceso y se dirigió hacia un destino pensado con anterioridad, sin ver con exactitud su impacto futuro. Entre filosas grietas y amplias zanjas logró cruzar la pequeña pero intrincada colina. Tenía que esquivar la seguridad que ofrecían los protectores a cada lado de la zona; para ello el camuflaje fue el arma perfecta. El sudor acompañaba sus suaves y rápidos pasos para seguir acercándose a su presa. Por un instante, una aguerrida pelea de perros casi pone fin a la aventura en curso. Para no desgastar sus energías y no desviar sus planes, prefirió no atacar y esperar a que cesara el intercambio de colmillos.

De las cuarenta y cinco bestias de acero enfiladas en la extensa planicie, escogió aquélla, inmóvil, arrinconada, aislada, menospreciada. Con suma cautela y calculando todo milimétricamente, fue poco a poco estudiando la mejor forma de abordarla y domarla para cumplir su cometido. Con cinco toneladas de peso, era un ejemplar imponente. Reunía un poder absoluto en su interior, capaz de destruir a un pueblo entero cuando desataba toda su furia. El sigilo requirió de al menos tres minutos muy bien utilizados. La tempestad seguía avanzando, amenazando la tranquilidad presente, acentuando la oscuridad con una voracidad desmedida. Ya en el momento preciso, sin perder más tiempo, quedaron cara a cara, dos corporalidades de proporciones desiguales compartiendo un mismo espacio. Distintos orígenes. Un mismo destino.

En 1.987 Gregorio pisa por primera vez la ciudad de Carora, una geografía árida, calurosa, gobernada por chivos, paraulatas y venados, cubierta por esqueléticos árboles, con espinas de todas las formas posibles. Iniciaba una nueva etapa de su vida llena de aventuras y tropiezos, típicos de un muchacho de diez años. Vivía en una residencia anexa al fuerte militar, hacia las afueras de la ciudad. El mayor tiempo lo pasaba allí. Veinte casas, distribuidas de manera irregular sin describir ninguna geometría conocida, a través de un plano inclinado y bordeado por una calle que le daba la vuelta. El terreno desgastado por la fuerte erosión alternaba con diversos espacios abiertos y vegetación propia de la zona.

Durante las mañanas asistía al colegio. En las tardes dedicaba los primeros minutos en hacer las tareas formativas, para luego emprender las más creativas y variadas travesuras juveniles; desde las más dóciles como jugar fútbol y recorrer el entorno, hasta las más violentas como una buena guerra de piedras sin reglas concretas. Como todo un “Indiana Jones junior”, trozos de madera, cuerdas, piedras y rocas, eran suficientes para construir verdaderas fortalezas, estructuras multifuncionales donde compartía innumerables juegos. Su alma de explorador lo impulsaba a entrar en contacto directo con la fauna y flora silvestre. Ramas llenas de espinas servían para buscar y domesticar escorpiones, iguanas, serpientes desérticas. En una ocasión, una criatura ofídica de pequeña envergadura, tenía una abultada protuberancia a la mitad de su delgado cuerpo. La cual fue sacrificada e investigada a través de una ciencia rudimentaria, para descubrir que su interior escondía una recién ingerida rana verde de tonos brillantes.

Manejar bicicleta también era una actividad muy emocionante, con sus cauchos pintados de radiantes colores, con un vaso de plástico entre los rayos y el cuadro produciendo un característico ruido motorizado. Los constantes aguaceros teñían el cielo de un negro profundo, ocultando los vivos colores de los populares atardeceres larenses, aumentaban la adrenalina provocada por una conducción extrema, entre fango, colinas y curvas peligrosas. Rodillas, canillas y codos ensangrentados eran muy frecuentes en esta riesgosa travesía.

Pasaba el tiempo y el ambiente seguía ofreciendo alternativas dignas de ser aprovechadas por un joven hambriento de aventuras. Una diminuta puerta metálica, casi imperceptible por miradas distraídas, permitía un acceso al fuerte militar; un batallón de infantería mecanizada y un batallón de blindados. Instalaciones repletas de nuevas y muy atractivas opciones para deleitar a Gregorio y a cualquier otro niño de su edad, con una curiosidad interminable. Armas de distintos calibres, vehículos “todo-terreno”, artefactos de defensa, entre otros. Lo primero en aparecer eran las oficinas administrativas, rigurosamente ordenadas según funciones y grados oficiales, ubicadas en espacios de una sola planta. Seguidamente, estaba el área social, casino y comedor. Lo más divertido venía más adelante, los carros blindados. Dado su propósito original, estos vehículos poseían un mecanismo de encendido extremadamente sencillo, práctico y rápido de activar, para poder alistarse con prontitud en casos de emergencia que fuera requerida su presencia. Esta facilidad hacía mucho más tentador desafiar la autoridad más exigente. Corpulentas máquinas de guerra, mortíferas por su objetivo bélico, pero a sus ojos era un campo de experimentación con juguetes de verdad, un sueño hecho realidad, la tentación perfecta para retar sus instintos. Aquella tarde lluviosa, combatiendo el miedo natural que se respiraba en el aire, decidió abordar una de ellas. Al accionar el rupestre encendido, escuchó el rugido de su motor. Manipuló las manivelas que hacían girar la torreta del cañón, apuntando a blancos enemigos. Difícil se puso la situación, cuando los militares de guardia se percataron de lo que estaba sucediendo. ¡Alarmas retumbando! ¡Reflectores alumbrando! ¡Botas al trote rodeando toda la cuadra! ¡Nervios, angustia y mucho sudor!

miércoles, 30 de mayo de 2018

Supera tus miedos

En este artículo comparto una experiencia personal que se resume en una invitación: supera tus miedos. Aquí encontrarás reflexiones sobre nuestros temores y cómo encararlos.

Una historia dramática
Estaba en mi cuarto cuando veo pasar algo a mi oficina, no le presto mayor atención. Al cabo de unos minutos veo que algo se mueve. ¡Era un ratón! Corría nuevamente desde la sala a mi oficina. Me asusté tanto que sólo alcancé a cerrar la puerta del cuarto.
Al día siguiente hablo con la conserje y me dice que en su casa se metieron dos. A partir de allí, mi sueño -que es profundo y completo- se interrumpió. Oía ruidos en mi cuarto y por toda la casa. Cualquier sonido inusual me hacía suponer que había otro roedor. Me fui inquietando más y más.
Aunque tenía mucho trabajo, no entré a mi oficina por 3 días, me daba pánico conseguirlo. Luego de ese tiempo dije, no puedo seguir así, debo tomar una decisión. Así que decidí entrar al cuarto, lo hice en repetidas oportunidades. A veces sólo oía su ruido, hasta que lo ví, era más pequeño de lo que imaginaba.
Aunque te suene irracional, decidí hablar con el ratón, no quería matarlo porque respeto toda vida. Así que le advertí que debía irse, le dejé una ventana abierta. Pues el ratón hizo caso omiso por otro par de días. Decidí entonces buscar veneno. El ratón, que fue un maestro para mi, duró 3 días más comiendo el veneno y lo que le dejaba para atraerlo: chocolate, queso, pan. ¡Lo estaba engordando! Mi hijo intentó atraparlo pero era muy ágil.
Finalmente decidí que esta situación no me iba a dominar más, así que entré al cuarto, cerré la puerta y le dije al roedor que debía irse de una u otra manera. Que ya le había dado suficiente tiempo y que ya era hora de que se marchara. Por supuesto que sé que los animales no entienden nuestras palabras, pero si nuestra energía. En mis últimas palabras, había determinación, ese era mi lugar y no iba a permitir que siguiera perturbándome. A la mañana siguiente encontré al ratoncito muerto.

Los miedos pueden lucir irracionales
Nunca me había visto a mi misma como temerosa, de hecho no le tengo miedo a los ratones. Sin embargo, tal vez el hecho de que haya entrado en mi casa, mi lugar sagrado hizo una diferencia. Y podía ver que esta sensación me sobrepasaba.
Siendo que la única que lo veía era yo, un día le pedí a mi hijo que entrara a buscarlo. Adolescente al fin, decidió jugarme una broma. Tomo unos pelos de nuestro perro y los puso en su mano. Salió de la oficina y me dice: mami lo atrapé, ¡aquí está! y me pone su mano cerca. Una parte de mí sabía que eso no podía ser cierto, pero otra parte muy profunda e inconsciente de mí gritaba aterrada ante lo que suponía era el animal.

¿Qué es superar tus miedos?
Somos seres emocionales, es decir que por nosotros pasan sentimientos. Algunos de ellos como el amor y la alegría son cómodos para el cuerpo por tanto los aceptamos naturalmente. Hay otros como el miedo o la rabia que no se sienten agradables. Sin embargo también tienen un propósito.
Para mi superar un miedo no significa que no lo sienta, es más bien que no deje que este me detenga. En el caso de esta anécdota, el ratón no impidió que siguiera usando ese espacio que era mío, bueno, lo logró por unos días, pero luego volví a tomar mi poder.
La mente hace juegos extraños, si la dejas. Cuando lo ví por primera vez, era tan rápido que no puede ver su tamaño. Con mi imaginación y miedo creo que lo ví más grande y atemorizante de lo que era, hasta que pude encararlo y ver su verdadera dimensión.
Lo que quiero decirte con esto es que superar significa enfrentar eso a lo que le tienes miedo. Puede ser por ejemplo que adores cantar pero sientes temor de hacerlo en público. En ese caso, superarlo es atreverte a cantar aunque al principio la voz se quiebre un poco y sientas mariposas en el estómago.
Superar cualquier temor en definitiva es no dejar que éste se apodere de ti, ni de tus espacios o sueños. Es empoderarte hasta que incluso sintiendo lo que estés sintiendo vayas detrás de lo que deseas.
Por mi relato puedes darte cuenta que si encaras a lo que le temes, verás su justa dimensión y también ese miedo se irá reduciendo en la medida en que lo intentas una y otra vez.

Supera tus miedos que una vida plena te espera.
¿Cuantas veces evitamos intentar algo que nos gusta por temor? Así poco a poco nos vamos limitando y nuestra vida va perdiendo todo el brillo que puede tener. Ese brillo no viene de ser perfecto o hacer todo correctamente, si no más bien de atrevernos a atender el llamado de nuestro corazón.
Una de mis frases favoritas es: la felicidad es para valientes, atrévete a ir por ella. Creo en esto firmemente. Como seres únicos que somos, nuestra felicidad no se parece a la de otro, así que tenemos que buscar nuestro camino a esa dicha. Si no tenemos el coraje de buscar nuestra forma y hacer lo que anhela el corazón, esa vida plena que está dispuesta para nosotros nunca llegará. Así que ¡vamos, inténtalo!

Nota: Para estos y otros temas de la misma autora, también puedes visitar www.carlaacebeydesanchez.com