martes, 17 de julio de 2018

Ser feliz es de valientes

La felicidad es para valientes, es una frase que se me ocurrió hace un tiempo. Al mencionarla en mis talleres varios participantes se sienten movidos. Uno de ellos comentó que se dio cuenta que no se había atrevido a ser feliz. Decía que había esforzado tanto en complacer a otros, que se había olvidado buscar esa felicidad que tanto anhelaba. Si te sientes identificado, este artículo puede interesarte.

El camino a ser feliz
Muchas personas dicen que ser feliz es una decisión. Yo estoy de acuerdo con ello, pero también sé que es un recorrido único para cada persona.
Desde niños nos han dicho que nos van a amar si hacemos tal cosa o cual cosa. También señalaron que nos van a dejar de querer porque fuimos malos comportándonos de determinada manera. Así, miles de ejemplos que nos fueron condicionando a que recibiríamos amor sólo si actuábamos de acuerdo a lo que esperaban de nosotros. De esta forma fue como aprendimos a encajar, a cumplir con los demás y a dejarnos de lado.
Por otra parte, en estos tiempos vemos las redes, hay un montón de fotos de gente mostrando que son felices cuando muchas veces es sólo una pose. Las redes sociales son una nueva forma donde podríamos estar comparándonos y tratar de encajar, perdiendo nuestra individualidad y así la posibilidad de ser felices verdaderamente.
Creo que parte de nuestra tarea como adultos es deslastrarnos de tantos condicionamientos y buscar lo que realmente nos llena de dicha. Para algunos puede ser la música, para otros el baile, bien sea como pasatiempo o a lo que dediquen sus vidas. Para otros una carrera convencional y crecer dentro de una corporación es su gran sueño, mientras que hay quien realmente prefiere centrarse en la familia.

Descubre lo que te hace feliz
El camino a ser feliz pasa por un proceso de autoconocimiento para saber lo que te hace bien y le agrega valor a tu vida. ¿Qué clase de amigos te gusta? ¿Adoras las mascotas? ¿Eres una persona citadina o más bien te gustan los lugares más tranquilos? ¿Crees que puede llenarte enormemente explorar el mundo o preferirías establecerte mayormente en un lugar? ¿Cuál es tu preferencia sexual? ¿Quieres tener hijos? ¿Te gusta practicar algún deporte? Son muchas las preguntas que puedes hacerte para ir encontrando tu forma ideal de vivir. Y a veces es necesario probar con la experiencia, porque puedes suponer que algo que gusta pero hasta no experimentarlo, no estarás seguro.

Atrévete a elegir lo que alegra tu vida

Una vez que sabes lo que te hace feliz, el otro paso es tener la valentía de decidir acorde a eso. Tal vez para algunas personas, incluso seres queridos que te importan, puedan pensar que estas equivocado. Pero ¿quién está dentro de ti para saber lo que te llena? Entonces debes ser valiente para ser fiel a ti. Mantenerte firme y coherente. Dar un paso a la vez en dirección de tu plenitud es una responsabilidad únicamente tuya.
Ciertamente, esa anhelada dicha, no se construye de un día para otro, pero te aseguro que si eres coherente, lo lograrás. Llegará un momento cuando te sientas plena(o) y mires hacia atrás sintiendo orgullo por tus elecciones.

Lo que puede ayudarte a encontrar esa felicidad:
1.- Buscar el sentido de tu vida, eso que llaman tu propósito. Usualmente está relacionado con un servicio que prestas, en el cual usas los dones que Dios te dio y te generan tanta alegría, que igual lo harías si no recibieras pago por ello.
2.- Ser honesto(a). No temas decir tu verdad si es necesario. Recuerda, tu verdad no es la verdad. Tú tienes un punto de vista que es válido para ti. Así que si por ejemplo te invitan a bailar y eso no te gusta, puedes ser firme y gentil al mismo tiempo diciendo: No, gracias.
3.- No tratar de convencer a nadie. Así como tú no tienes que encajar en el molde de otro, no es preciso que los demás estén de acuerdo contigo. Si un ser querido te dice que estás equivocado, puedes responderle que respetas lo que dice y que tú crees que ese camino es el correcto para ti. No desperdicies tiempo ni energía buscando aprobación.

Al leer todo lo anterior podrías pensar que si te comportas de esta manera, serás una persona egoísta pasando por encima de otros. No estoy de acuerdo. Yo creo que la esencia y naturaleza del ser humano es la bondad. Y cuando eres feliz, espontáneamente quieres compartir esa felicidad y todo lo bueno que brota de tu corazón con los demás. El mundo será un mejor sitio si tu eres feliz y ofreces esa energía al colectivo.  Así que no temas y ve en busca de esa felicidad que quieres y te mereces. ¡Vamos!

Nota: Para artículos como estos u otros de la misma autora, también puedes visitar www.carlaacebeydesanchez.com

martes, 10 de julio de 2018

Perdonar para cerrar ciclos y crear algo mejor

A mis talleres vienen personas que quieren cambiar su vida. Buscan, bien sea mejorar una relación, su situación financiera, un trabajo o toda su existencia. Quieren enfocarse en el futuro, sin saber que sólo cerrando con el pasado y aprendiendo de éste es que se puede crear algo nuevo y distinto. En todos los casos, la clave está en perdonar. ¿Quieres aprender como hacerlo? A continuación te cuento como lograrlo:

¿Qué significa perdonar?

En la mayoría de los casos, se tiene la idea de que perdonar es que “tú, tan bueno” absuelves a alguien malo que te hizo daño. Creo que esta concepción es equivocada. Por duro que parezca, ninguna persona o situación puede dañarte si de alguna manera no has formado parte de esa dinámica. Claro esto ocurre a nivel inconsciente pues nadie quiere lastimarse o sentir dolor.
Perdonar significa soltar las emociones que vienen de una vivencia que te ha hecho sentir lastimado. También es “aceptar” lo que ocurre, porque aunque no lo comprendas, por alguna razón ocurre. Cuando aceptas la situación tal como es, entonces estas listo para responsabilizarte por tu participación (inconsciente) en dicho evento.
Perdonar es recordar lo sucedido como una anécdota, como una experiencia que te sirvió para crecer. Por supuesto que perdonar requiere de valentía, madurez e inteligencia emocional. Perdonar implica todo un proceso, pero te aseguro que valdrá todo el esfuerzo que hagas hasta llegar allí.

¿Cómo perdonar?

El perdón es una acción que se aprende, lo cual implica un trabajo interior de consciencia que es necesario realizar. Existen muchas técnicas para lograrlo. Una que uso se llama carta de cierre y es un escrito donde vacías lo que tienes guardado de la vivencia con esa persona. Te invito a revisar si esto funciona para ti, en la mayoría de los casos es una gran ayuda. Sin embargo, hay momentos donde esto no basta porque la herida es muy profunda. Si es tu caso, es bueno que busques un terapeuta que te acompañe en este proceso.
A continuación te dejaré el formato de la carta. Es un ejercicio escrito, pero sobre todo un proceso donde drenas tus emociones con respecto a alguien o algo y te liberas de ellas. Puede ser un ejercicio que dure varios días. Hazla hasta que sientas que ya está lista(o) y que has expresado todo lo que querías decir.
Algo importante de esta carta es que imagines como te sentirías si ésta fuese para ti y la estuvieras recibiendo. Esto significa que debe ser una honesta, pero no agresiva.
Debes usar tus palabras y lo escrito a continuación sólo es una muestra, como un formato para asegurar que consideres todos los aspectos de la relación.

Modelo de la carta de cierre:

Querido(a) XXX, te escribo esta carta porque quiero sentirme en paz contigo, tener una mejor relación y que haya más cercanía. (En el caso de una persona que ya ha partido, tal vez la intención de la carta es estar en paz con el recuerdo de la persona).
En otro párrafo comienzas con lo que agradeces de lo vivido con esa persona. Escribe las cosas o experiencias que valoras o aprecias de ese ser. Si sientes que no hay mucho de agradecer, puedes agradecer lo que aprendiste producto de su comportamiento. Por ejemplo, si fuese para tu padre que te abandonó puedes decir: agradezco ser ahora fuerte o independiente producto de tu ausencia.
En el párrafo siguiente, dices aquello que tenías guardado, eso que ha dolido o molestado. Sin embargo, tienes que escribir esta parte, hablando de ti, haciéndote responsable de tus emociones y pensamientos. 
Por ejemplo, en lugar de decir "porque tu me hiciste sentir mal" puedes escribir "en el momento en que dijiste tal cosa yo me sentí muy triste". En esta parte es muy importante encontrar una forma de ver la responsabilidad en lo vivido más que verte como una víctima de la otra persona.
Finalizando la carta, el último párrafo, cierras diciendo algo como: Ya te he compartido todo lo que tenía guardado de nuestro recorrido juntos, ahora me siento en paz y te libero y me libero de la forma como nos habíamos estado relacionando. 
Que Dios te bendiga.

Recomendaciones finales

Al finalizar la carta, vuelves a leerla y te preguntas si así estaría bien enviarla y como se sentiría la persona al recibirla. Si crees que aún no puede ser entregada así, vuelve a hacerla.
A veces hay tanto dolor guardado que en principio no es posible hacer una carta así de forma honesta. Es probable entonces que lo que necesites sea soltar o desahogarte. Para ese caso hay otro ejercicio: una carta de vaciado, escribiendo en ella cómo te sientes por las acciones de la otra persona. En este formato de trabajo del perdón si puedes acusar, incluso insultar o dejar salir tu rabia o dolor. Si sientes que lo necesitas, hazlo pero recuerda que este es un paso previo y hay que hacer otra cuando estés lista con el formato anterior. Inténtalo tantas veces lo necesites hasta que la carta no sea una acusadora, como si sólo tu tuvieras la razón.
Esta carta puede ser escrita a alguien que vive o incluso a quien ya haya partido. Más allá de las palabras, lo importante es la parte emocional que se vacía al escribirla. Luego, por ejemplo hay algunas cartas que son para personas a las que más nunca verás. También hay otras para tus padres o ex pareja con quien tienes hijos y quieres transformar la relación. Adecua lo que escribas de acuerdo a la situación.
Estoy segura que al finalizar, te vas a sentir muy bien y mucho más ligero.
Créeme, no hay manera de crear un nuevo futuro, si no aprendes, perdonas y cierras tus ciclos. ¡Vamos! ¡Tu puedes!

Nota: Para estos y otros temas de la misma autora visita también

martes, 3 de julio de 2018

De la culpa a la responsabilidad

Vivimos en una sociedad donde en general nos han enseñado de la culpa. Hemos aprendido a ser culposos incluso por medio de algunas religiones. Así también tendemos a buscar culpables en cualquier situación. Creo que esto es un error, pues le agrega una carga negativa a la persona o a la situación y se desenfoca de lo más importante, el hecho de que tenemos algo que aprender. ¿Estas de acuerdo conmigo? ¿Quieres revisar tus creencias al respecto? Pues sigue leyendo.

El mundo de la culpa.
Desde mi punto de vista, una forma bastante simple de ver el mundo es clasificar a la gente en buenos y malos. Por supuesto, los malos son culpables. Eso es lo que no han enseñado. Sin embargo, creo que la vida es mucho más profunda y hay muchas cosas que desconocemos. Hay muchos matices y no sólo blanco y negro.
Considero que la culpa es un gran desperdicio de tiempo y energía porque en general la gente está tratando de evadirla o acusar a otro para no sentir el peso de ser culpable, pues eso te supone malo.
Aquí te presento otra perspectiva. Hay experiencias para disfrutar y otras para crecer. En la del disfrute todos somos felices, en las de aprendizaje, todos tenemos una contribución. Entonces, cuando un evento ocurre, en lugar de buscar culpables y así generar mayor confusión, dolor y conflicto, es mejor asumir tu cuota de responsabilidad.  Así podrás aprender de lo sucedido, reparar lo que te corresponde, dentro de ti o en una relación. Creo que nuestras vidas serían mucho más simples y con menos dolor si dejáramos de mirar lo que nos ocurre desde estos paradigmas que en mi opinión están vencidos.

Culpar a los demás es tentador.
Culpar a alguien cuando hay una pelea o en medio de un conflicto es muy tentador. Es cómodo creer que el otro es el malo, quien te daña. Pero cuando ves la situación de esa manera, no asumes ninguna responsabilidad. Date cuenta de la diferencia. Nadie quiere asumir la culpa y eso es lo correcto pues no se trata de culpas, sino de responsabilidades. Esta última, es la contribución que cada uno ha tenido sobre el resultado final.
En tu caso, si no asumes que tú has hecho un aporte que ha producido esa experiencia que no te gusta, te quedas como una víctima del otro. Si bien es reconfortante sentirse así, porque te ves como el bueno del cuento, es terriblemente dañino. Una víctima no puede resolver una situación, no necesita ni puede cambiar nada y por tanto está destinada a repetir la misma experiencia dolorosa una y otra vez.

La culpa por tener más.
Para este tema hablaré de mi experiencia. En el pasado, me sentía culpable por estar en mejores condiciones económicas que muchas personas. Recuerdo hace casi 30 años cuando fui por primera vez a Orlando. Estaba tan contenta por la experiencia y al regresar, vi en el aeropuerto a unos niños que parecían no tener casa. Sentí el dolor de un mundo injusto y me sentía muy mal porque esos niños no tenían la misma posibilidad que yo.
Ahora, luego de muchos años, aprendizajes y sabiduría miro la vida desde un punto de vista completamente distinto. Vivo en Venezuela, donde hay una pobreza extrema en un gran grupo de personas. La culpa ha sido sustituida por la compasión. Más allá de la política y la economía, no se por qué a algunas personas les corresponde una experiencia mientras a otras tienen una distinta.
Creo en el poder que todos tenemos para crear una vida de abundancia, pero también sé que es un poder que muchos desconocen. Además sé que el recorrido de cada alma es distinta y no me corresponde a mi juzgar a nadie.
La culpa ha sido sustituida por la responsabilidad también en este caso. Soy un ser afortunado, dispongo de todo lo que necesito y más. Así que una forma de ser agradecida con la vida y su generosidad es compartir de lo que tengo. Lo hago con amor y compasión. Esto último no es lástima, que coloca a quien ayudas por debajo de ti. Así, dedico parte de mi tiempo y mis recursos para cocinar, repartir comida y ayudar a tantas personas como puedo. Por eso siento que mi prosperidad es también fuente de bienestar para otras personas.

Algo más sobre la responsabilidad
Recientemente me llegó un video de Will Smith donde habla de este tema. En este video hace un señalamiento importante. Por ejemplo si tuviste un padre abusivo o alcohólico, no fue tu culpa, pero si lo es asumir tu responsabilidad para sanar las huellas que esta vivencia tuvo en tu vida.
En este video, Will sugiere -y estoy totalmente de acuerdo- que tu vida, tu felicidad y tu bienestar son completamente tu responsabilidad. Por tanto debes hacer tu parte para superar lo que sea que te haya ocurrido y haya dejado una huella negativa en ti. Este famoso actor también dice que en lugar de buscar culpables, es mejor que te enfoques en asumir la responsabilidad de sanarte y pasar la página. Aquí te dejo el video.

Ojalá todas estas reflexiones te ayuden y abran tu mente a mirar tus vivencias con otros ojos. ¡Bendiciones para ti!

Nota: Para temas como estos y otros de la misma autora, también puedes visitar www.carlaacebeydesanchez.com